9 cosas que puedes hacer para tener un consumo indumentario más crítico

(y no, ninguna pasa por comprar a ninguna marca ni por conocer más de ellas)

¿Notaste algo raro en el título de este texto? Sí, tiene algo diferente: en vez de decir “consumo responsable” dice “consumo crítico”. No, no son términos intercambiables. Ambos denominan cosas diferentes y tienen recepciones diferentes. Tal vez has notado que cuando hablamos de “consumo responsable” suele suceder que discursivamente recae toda la responsabilidad de los problemas generados por la industria de la moda en sus consumidores, como si estos estuvieran a cargo de tomar las decisiones de las grandes compañías de moda. No es así, pues nuestros consumos no sostienen estas marcas; cuando entramos a una tienda de moda rápida -por poner un ejemplo, pero podría ser una marca de lujo, o incluso una independiente- muchas decisiones ya ha sido tomadas por nosotros: los consumidores no elegimos las condiciones laborales con las que opera esa marca (¿cómo podríamos elegirlas si en la mayoría de marcas esto es un secreto?), no elegimos tampoco los materiales de los que se hicieron la ropa ni la forma como se obtuvieron esos materiales, no elegimos las estrategias por medio de las cuales esa ropa se nos vende. Es tan dramática nuestra incapacidad frente a estas marcas que a veces nosotros mismos ni siquiera elegimos a plena conciencia que sí queremos comprar una prenda, sino que las marcas manipulan nuestras decisiones de compras porque conocen muy bien cómo estimular nuestro cerebro -yo sé, suena a “plandemia”, pero no lo es. En efecto el éxito de las marcas de moda con prácticas deplorables se debe en gran parte a que conocen nuestra psicología mejor que nosotros mismos-. ¿Cómo podría, entonces, nuestro consumo ser el responsable de estos problemas tan abrumadores generados por la industria de la moda?

Por su parte consumo crítico refiere a algo más preciso. También algo más difícil de hacer, siendo sinceras. Lo digo porque seguramente a estas alturas ya te has encontrado con un montón de listas en internet que te dicen cómo tener un consumo más responsable, todas más o menos iguales: pregúntale a las marcas, conoce mejor las marcas a las que les compras, busca marcas cuyo compromiso con la sostenibilidad sea verdadero, evita el fast fashion. ¿Qué tienen de común todos estos consejos? Exacto, que todos refieren y suelen ceñirse a que el cambio radical que necesitamos se logra “consumiendo mejor”. Sin embargo, hay algo de problemático allí y es que cuando de consumo se trata no sólo debemos hablar de consumo, pues este fenómeno atañe a toda la esfera social, política y ambiental. Resulta extraño entonces que nos concentremos tanto en nuestro camino por “consumir éticamente”, pues lo problemas que está produciendo la industria de la moda rebasan por mucho la esfera del consumo: derecho laboral, violencias de género, política internacional, extractivismo, desechos tóxicos, violaciones a los derechos humanos, etc. Un consumo crítico es aquel que justamente no simplifica el consumo al mero evento de comprar y usar un bien, sino que considera las variables que complejizan el problema del consumo. Pero no se pueden tener en cuenta estas variables si pensamos que lo único o lo mejor que podemos hacer al respecto es comprar “ropa más sostenible”.

Para tener un consumo crítico es necesario hacer otras cosas. Y la principal de ellas no es comprar, sino cultivar la curiosidad sobre todo lo que está en juego en el acto de consumir y aprender. Aquí comparto nueve claves que me han ayudado a mí a ser una consumidora más crítica (y que hubiese sido chévere toparse cuando estaba empezando con mis propias preguntas, pero bueno los procesos toman su tiempo):

1. Revisa cómo es tu relación emotiva con la ropa. La indumentaria es el objeto que más tiempo pasa en contacto con nosotros. Ese contacto físico necesariamente se convierte en un contacto emocional porque asociamos esas prendas a diferentes estados de ánimo, recuerdos y vínculos sociales. Cuidar y fortalecer esa relación hará que deseches menos tu ropa, pues ¿quién desecha un objeto amado?

2. Repara tu ropa. Es el consejo de siempre, pero todavía no hemos logrado recuperar esta práctica. Tiene que ver con el punto anterior: una prenda amada es una prenda que cuidamos. Ese cuidado pasa por alargar la compañía que esta prenda nos brinda (suena mejor así que decirle “vida útil”, ¿no te parece?). Tal y como en una relación: para que perdure hay que ser cuidadoso con ella y hay que buscar cómo enmendarla cuando se daña.

3. Aprende, al menos de forma básica, algunas técnicas de reparación. Cosas simples como coser un botón, remendar un agujero, repasar una costura, coser un parche son prácticas que te relacionaran con los procesos que se requieren para hacer una prenda. Estar más relacionada con estos procesos te hará valorar más el tiempo y los recursos que toda prenda de vestir requiere para ser elaborada.Conoce los materiales de los que está hecha.

4. Conoce los materiales de los que está hecha. ¿De dónde vienen?, ¿cómo se obtienen?, ¿qué propiedades tienen? y ¿cómo se cuidan?. Este conocimiento es crucial porque es la conexión directa de la ropa con el planeta: todos los materiales que usamos para crear ropa vienen de la tierra (sean de origen vegetal, animal o mineral) y van a volver a ella. Todos dejan una huella, el asunto es qué tipo de huella dejan.

5. Averigua cómo funciona el sistema de reciclaje de textiles en tu país. Y de paso qué cantidad de desechos textiles se generan. Este es un tema importante que pasa por nuestro consumo pero que compromete nuestra calidad de ciudadanos. ¿Por qué? Porque desde este tema se pueden empujar agendas políticas, muchos políticos no se ocupan de hacer programas para el procesamiento del residuo textil pero sí se encargan de abrir las barreras del comercio y llenarnos de más ropa.

6. Averigua cómo funciona el sistema de importación de ropa de tu país. Otro punto que tiene que ver con nuestra ciudadanía y se relaciona con el anterior: a mayor importación de ropa (que suele ser de fast fashion), mayor producción de desecho. Sobre todo en países donde vemos una desventaja con los Tratados de Libre Comercio porque nuestra productividad no es tan competitiva como la de las potencias mundiales. Terminamos importando más de la que producimos, lo que tiene un impacto muy negativo en la industria local.

7. Investiga cómo funciona el mercado de segunda mano en tu país. Esto incluye si en tu país es legal la importación de ropa de segunda mano. En Colombia está prohibida (gracias a los trabajadores del sector textil que a principios de los 2000 contemplando los riesgos que esto representaba para la industria local lo impidieron), pero eso no evita que igual entren cargamentos ilegales de ropa de segunda por los puertos de Barranquilla y Cartagena.

8. Aprende sobre la expresión cultural que se manifiesta en la indumentaria. La moda es un sistema de vestir entre otros, el problema es que es el sistema imperante en este momento y por eso mismo ha desplazado la riqueza cultural indumentaria que los pueblos han creado para vestirse. Explora esa diversidad cultural de los pueblos manifiesta en sus indumentarias locales

9. Aprende sobre la calidad de derecho humano que tiene la indumentaria. Por último y quizá más importante, porque no se suele vincular la indumentaria como algo tan fundamental como la vivienda y la alimentación digna. Pero lo es, pues nuestra vida en toda su complejidad no es posible sin la ropa. Todas las personas tenemos derecho una indumentaria (entendida como el conjunto de piezas que nos arropa) que nos proteja y permita el desenvolvimiento de nuestra vida de forma integral.

Espero que esta lista sirva como un punto inicial para hacerse muchas preguntas y superar el estadio de consumidores. Ya había adelantado que tener un consumo crítico era más difícil que “aprender a comprar bien”, pero los problemas que enfrentamos en la industria de la moda son altamente complejos. Así que cualquier solución que se presente como un camino fácil no sólo será engañosa, sino que estará lejos de lograr su cometido.

Cuéntame en los comentarios qué te ha ayudado a ejercer un consumo más crítico.

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